Citas y seguridad

Parejas con distinta lengua materna: cómo hablar, discutir y no convertir el amor en una clase

· 11 min de lectura · Equipo de Date&Learn

En resumen

Si el idioma de la pareja es la lengua materna de uno de los dos, nunca se comparte en igualdad de condiciones: quien habla en su lengua materna es más rápido, más preciso y tiene ventaja al discutir, mientras que la otra persona, al final del día, ya no puede más. Ayudan unos acuerdos sencillos: hablar más despacio cuando se discute, dejar que cada uno se pase a su idioma, no corregir errores en mitad de una pelea y decidir con sinceridad quién enseña a quién y cuándo.

En esta página
  1. El idioma de la pareja
  2. La desigualdad de la que nadie habla
  3. Cómo discutir en un segundo idioma
  4. Tu pareja no está para darte clases
  5. La familia de tu pareja
  6. Si llegan los hijos
  7. Cuando el problema no es el idioma
  8. Si todavía buscas una pareja así
  9. Preguntas frecuentes

Una discusión en un idioma que no es el tuyo suele ir así. Sabes exactamente lo que quieres decir, pero solo tienes a mano palabras de nivel B1. La frase te sale más corta y más dura de lo que sientes. Tu pareja oye enojo y responde al enojo. Cinco minutos después ya no se discute sobre quién se olvidó de la cena con los amigos, sino sobre el tono con el que se dijo.

Tener lenguas maternas distintas no condena una relación al fracaso. Pero estas parejas tienen su propia dinámica: el idioma que sostiene todo lo demás, una desigualdad de la que no se suele hablar en voz alta y la tentación de que la persona que quieres acabe dándote clases. A continuación hablamos de cada una de estas cosas y de los acuerdos que ayudan.

El idioma de la pareja

Cada pareja tiene «su» idioma, normalmente aquel en el que empezó todo. Se asienta en las primeras semanas y después cuesta cambiarlo: en ese idioma se contaron los primeros chistes y se hicieron las primeras confesiones, y en él cada uno aprendió a entender al otro casi sin palabras.

En el fondo, hay tres opciones:

  • La lengua materna de uno de los dos. Uno habla con soltura y ayuda, y el idioma del otro es el que más rápido avanza. El precio es la desigualdad: uno siempre está «en casa», y el otro, siempre «de visita».
  • Un tercer idioma, normalmente el inglés. Terreno neutral: nadie parte con ventaja. A cambio, se pierden los matices, las bromas y las palabras cariñosas, y discutir en él resulta difícil para ambos.
  • Los dos idiomas, por turnos. Cada uno practica y cada uno está a veces «en casa». Sin un acuerdo, esto se diluye enseguida: acaba ganando el idioma en el que es más fácil hablar.

El idioma de la pareja se puede cambiar. Lo más habitual es que ocurra tras una mudanza: si vives en el país de tu pareja, en uno o dos años su idioma suele desplazar al inglés, simplemente porque a tu alrededor todo el mundo lo habla. Es mejor cambiarlo a propósito que esperar a que pase solo. Por ejemplo, acordar que entre semana en casa se habla su idioma, y los fines de semana, el tuyo.

Muchas parejas, de hecho, viven en dos idiomas a la vez y se los reparten por temas: el día a día en uno, el cariño en otro y las discusiones en el que resulte más fácil. Si a los dos les funciona, no hay nada que arreglar.

La desigualdad de la que nadie habla

Quien habla en su lengua materna casi siempre lleva ventaja en una conversación. Encuentra antes las palabras, se expresa con más precisión y capta mejor los matices. La otra persona, mientras tanto, traduce mentalmente, busca una palabra, pierde el hilo, y desde fuera parece más simple de lo que es.

Esto es lo que suele sentir quien vive en un idioma que no es el suyo:

  • Cansancio al final del día. Pasar el día entero en un segundo idioma agota como una jornada de trabajo. Si a las diez de la noche tu pareja responde con monosílabos, lo más probable es que sea cansancio, no frialdad.
  • «En este idioma parezco menos de lo que soy». En tu idioma eres una persona ingeniosa; en el otro, una persona amable y algo aburrida. Duele, y conviene decirlo en voz alta.
  • Dependencia. Si llamar al médico, hablar con el dueño del apartamento o descifrar las cartas del banco siempre le toca a tu pareja, los papeles cambian poco a poco. Uno se convierte en «el adulto», y el otro, en alguien a quien se lo dan todo decidido.
  • Soledad en grupo. Los amigos de tu pareja hacen bromas, todos se ríen, y tú sonríes por compromiso entendiendo la mitad.

Qué ayuda:

  1. Ponerle nombre. Una frase como «Hoy me cuesta mucho hablar en inglés, ¿lo seguimos mañana?» quita la mitad de la tensión: tu pareja deja de adivinar qué pasa.
  2. Que baje el ritmo quien está «en casa». Frases más cortas, menos expresiones hechas y pausas para que el otro pueda intervenir. Sobre todo al discutir.
  3. Autonomía en lo pequeño. Que quien está «de visita» pida la comida, escriba al técnico y pregunte el camino por su cuenta, aunque le lleve más tiempo. A los seis meses, compensa.
  4. Cambiar de papel de vez en cuando. Una tarde, un fin de semana o un viaje en la lengua materna del otro, y quien suele estar «en casa» comprueba en carne propia lo que se siente. No hay mejor remedio contra la condescendencia.
  5. No traducir sin que te lo pidan. En grupo, pregunta si necesita ayuda en lugar de resumir cada frase. A veces lo importante es entender sin ayuda, aunque sea la mitad.

Cómo discutir en un segundo idioma

Discutir es normal. Lo malo es que la discusión dé vueltas en círculo porque, en realidad, se discute con las palabras y no con la persona. Estas son reglas a las que muchas parejas llegan por su cuenta, normalmente después de unas cuantas discusiones que acabaron mal.

Habla más despacio de lo que te pide el cuerpo

Cuanto más fuerte es la emoción, más rápido se habla. Y cuanto más rápido se habla, menos entiende tu pareja. Quien discute en su lengua materna tiene que hablar más despacio de lo normal, aunque tenga muchas ganas de soltarlo todo de golpe.

Repite con tus palabras

No «¿qué?», sino «o sea, ¿me estás diciendo que…?». Al repetirlo con tus palabras queda claro qué has entendido exactamente, y muchas veces resulta que no era eso. Buena parte de las peleas de estas parejas son discusiones con una frase que nadie dijo.

Aprende palabras que suavizan

En tu propio idioma suavizas las frases sin darte cuenta: «me parece», «un poco», «a lo mejor». En un segundo idioma esas palabras faltan: una petición suena a orden, y un comentario, a sentencia. Aprende cinco o seis fórmulas para suavizar en el idioma de la pareja. Puede que sean las palabras más útiles de tu relación.

Por ejemplo, en inglés:

  • You never listen to me. I feel like you're not really listening right now.
  • Do it now. Could you do it now, please?
  • You are wrong. I see it a bit differently.

El tono no es el significado

Las normas de cortesía cambian de un idioma a otro, y es fácil confundirlas con el carácter. En español, «Pásame la sal» en la mesa es una petición normal. En inglés, sin «could you» ni «please», la misma frase suena brusca. La franqueza alemana puede resultar dura a quien suele decir las cosas con rodeos. Y en muchas familias hispanohablantes es habitual que todos hablen a la vez: no es una pelea, sino una conversación normal, aunque a tu pareja quizá no se lo parezca. Antes de ofenderte por el tono, pregúntate: ¿cómo suena esto en su idioma?

Derecho a la lengua materna

Acuerda con tu pareja que, cuando la emoción sea muy fuerte, cada uno pueda pasarse a su idioma: desahogarse, soltar una palabrota, decir lo que en el otro idioma no sale. Y que, cuando pase el enojo, se resuma lo esencial en el idioma de la pareja. El enojo sale en la lengua propia; los acuerdos se toman en la común.

Si no te sale decirlo, escríbelo

A veces es más fácil escribir. En un mensaje hay tiempo para elegir las palabras y quitar la dureza que sobra. No es huir de la conversación, sino una forma de decir lo que de verdad quieres decir. Eso sí, que el chat no se convierta en un cruce de comunicados: escribe lo esencial y luego habla con tu pareja.

Nunca corrijas errores en plena discusión

Ni siquiera si tu pareja confunde una palabra y el resultado es gracioso. Corregir la gramática en mitad de una discusión es la forma más segura de que dure el doble. La otra persona no oye «te entiendo», sino «ni siquiera sabes decirlo bien».

Pacta una palabra para parar

Una palabra compartida que signifique: «ya no entiendo qué está pasando, hagamos una pausa». Si es graciosa, mejor todavía. Decirla cuesta menos que explicar en otro idioma por qué la conversación está en un callejón sin salida.

Tu pareja no está para darte clases

Aprender un idioma con la persona que quieres parece ideal: un hablante nativo a tu lado, gratis, todos los días. Y de verdad funciona, mientras nadie empiece a dar clases.

Cuando uno corrige todo el tiempo y el otro se equivoca todo el tiempo, en la pareja aparece una jerarquía. Quien recibe las correcciones empieza a hablar menos para no equivocarse. Quien corrige se impacienta porque «otra vez lo mismo». A los seis meses, el idioma que tenía que unirlos ya cansa a ambos.

Acuerda desde el principio:

  • Cuándo corregir. Por ejemplo, solo por escrito o en una «hora de idiomas» aparte. En plena conversación, no.
  • Qué corregir. Solo lo que impide entender y lo que se repite. No todos los errores.
  • Cómo. No «está mal», sino «nosotros lo decimos así». Por escrito es cómodo corregir sin interrumpir: en Date&Learn, por ejemplo, la frase corregida aparece justo debajo del mensaje, y la conversación sigue.
  • Quién explica la gramática. Explicar reglas es trabajo de docentes. La base te la dan un curso o unas clases particulares; tu pareja está para el idioma vivo: cómo se habla de verdad, qué hace gracia, qué es grosero y qué suena a libro de texto.

Cosas que funcionan bien en pareja:

  • cocinar con recetas en el idioma de tu pareja;
  • ver series con subtítulos en el idioma que aprende uno de los dos y discutir sobre los personajes;
  • jugar a juegos de mesa en los que haya que hablar;
  • escribirse durante el día en el idioma que aprende uno de los dos: por escrito hay tiempo para pensar;
  • llevar una lista común de palabras «de los dos»: las graciosas, las cariñosas y las que no tienen traducción.

La familia de tu pareja

Lo más difícil, muchas veces, no es tu pareja, sino sus padres. Puede que no hablen más idioma que el suyo, y la impresión se forma ya la primera noche.

Qué conviene preparar antes de conocerlos:

  1. Cómo dirigirte a ellos. ¿De tú o de usted? ¿Por su nombre, con «señor» y «señora», o directamente «mamá» y «papá»? Cada familia y cada cultura lo resuelve a su manera (en alemán, por ejemplo, la duda es entre «du» y «Sie»), y aquí un error se nota más que cualquier fallo de gramática. Pregúntale antes a tu pareja.
  2. Diez frases. Un saludo, «mucho gusto», «gracias, está buenísimo», «¿puedo servirme un poco más?», «¿cómo se llama este plato?», «¡qué casa tan bonita!», un brindis corto, «perdón, todavía no hablo bien», «¿me lo repite más despacio, por favor?» y una despedida.
  3. Una breve presentación: quién eres, de dónde vienes y a qué te dedicas. Ensáyala en voz alta.
  4. Temas que es mejor no tocar. Pregunta a tu pareja de qué no se habla en la mesa en su familia.

Para tu pareja esa noche tampoco es fácil: hace de intérprete y está pendiente de todos a la vez. Ponte de acuerdo con tu pareja en una señal para cuando necesites ayuda, y en que no te traduzca palabra por palabra. A veces es mejor entender la mitad y reírte con los demás que escuchar una traducción simultánea.

Si llegan los hijos

En pocas palabras: crecer con dos idiomas no perjudica a los niños. Muchas familias bilingües siguen una regla sencilla, «una persona, una lengua»: cada progenitor habla con los hijos en su lengua materna. Durante un tiempo, los niños mezclan los idiomas en la misma frase; es una etapa normal, no señal de confusión. Conviene ponerse de acuerdo en dos cosas: en qué idioma habla la pareja entre sí delante de los niños y qué hacer si un idioma empieza a desplazar al otro.

Cuando el problema no es el idioma

A veces el idioma se convierte en la explicación cómoda para todo. «No nos entendemos» suena a problema lingüístico, pero en realidad puede significar expectativas distintas, cansancio o una herida de la que nadie ha hablado. Una prueba sencilla: imagina esta misma discusión con los dos hablando el mismo idioma. ¿Seguiría existiendo? Si la respuesta es sí, el idioma no tiene la culpa, y hay que hablar del fondo, no de las palabras.

Si todavía buscas una pareja así

Muchas parejas con idiomas distintos empiezan escribiéndose para practicar. En Date&Learn, cada perfil muestra para qué está ahí esa persona: práctica de idiomas, amistad, amigos por correspondencia, conocerse en persona o citas. No hace falta adivinar si la otra persona busca una relación. Cómo decir con sinceridad lo que buscas sin estropear el intercambio te lo contamos en nuestra guía sobre intercambio de idiomas y citas.

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Preguntas frecuentes

¿En qué idioma debe hablar una pareja con distinta lengua materna?

En el que a los dos les resulte cómodo para hablar de lo difícil: el dinero, los planes, lo que duele. A menudo es el idioma de uno de los dos o un tercero, como el inglés. Lo importante no es tomar la decisión «correcta», sino llegar a un acuerdo, y conviene revisarlo de vez en cuando.

¿Se puede tener una relación si el idioma en común es un inglés de nivel intermedio?

Sí, muchas parejas viven así, sobre todo al principio. Pero con un nivel intermedio cuesta más hablar de sentimientos y de conflictos, así que vale la pena seguir aprendiendo. Lo ideal es que cada uno aprenda el idioma del otro, y no solo el tercero que comparten.

¿Por qué discutimos más por el tono que por el fondo?

Porque en un segundo idioma cuesta suavizar las frases, y las normas de cortesía cambian de una lengua a otra: una frase directa, normal en un idioma, en otro suena grosera. Ayudan dos cosas: repetir con tus palabras lo que dice tu pareja («¿quieres decir que…?») y unas cuantas palabras para suavizar en el idioma de la pareja.

¿Vale la pena aprender el idioma de tu pareja si con el inglés ya basta?

Sí, si piensas en una vida en común. Es el idioma de su familia y de sus amigos; en él están sus bromas y su infancia. Incluso un nivel básico cambia mucho: dejas de ser una visita en su mundo. Eso sí, no lo aprendas «a través de tu pareja»: la base te la dan un curso o unas clases, y tu pareja, el idioma vivo.

¿Cómo dejar de corregir a tu pareja si te mueres de ganas?

Fija con tu pareja un momento y un lugar para las correcciones (por ejemplo, solo por escrito) y cumple el acuerdo. En la conversación, responde a lo que dice y no a cómo lo dice: si se entiende lo que quiere decir, el error puede esperar.

Escrito por el equipo de Date&Learn. Actualizamos las guías cuando cambia el sitio o las reglas de otros servicios.

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